Garcilaso de la Vega (1539 - 1616)
Semblanza
Nacido en el Cuzco en 1539, hijo de un capitán español y de Isabel Chimpu Ocllo, nieta de Tupac Yupanqui, Garcilaso recibió una educación depurada. Pasó sus primeros años en medio de las guerras civiles, en las que participó su padre que murió en 1559. Viajó a la península ibérica en 1560 y sirvió en los ejércitos españoles durante varios años, bajo las órdenes de Juan de Austria. Es bastante probable que aprendiera el italiano durante su permanencia en Nápoles. Después se presentó en la Corte solicitando una retribución por los servicios que había presentado su padre a la corona española y la restitución de las tierras que habían pertenecido a su madre, pero como en algunas crónicas su padre había sido tildado de traidor, el Consejo de Indias rechazó ambas solicitudes. Retirado a su casa en Montilla, una pequeña ciudad situada cerca de Córdoba, se dedicó entonces a convertirse en un escritor. En esa localidad vivió hasta 1615 y probablemente conoció a Cervantes. En ese año se trasladó a Córdoba, donde alternó con Luis de Góngora. Murió en 1616 y está enterrado en un lugar preferente de la mezquita y catedral de esa ciudad. En su túmulo está la bandera del Perú, país que ayudó a crear con sus palabras y sus actitudes.
Después de leer a los clásicos latinos y a los modernos italianos aprendió a escribir con gracia y elegancia. Inicialmente hizo labores de traducción y así alcanzó gran pericia en el manejo del castellano. Preparó la traducción de los Diálogos del amor, obra del judío Yéhuda Abarbanel, conocido como León el hebreo. Dijo que había emprendido esa tarea para empaparse de la suavidad y dulzura de su filosofía y lindezas de que trata. Esas páginas merecieron siglos más tarde una alabanza de Menéndez y Pelayo, quien consideró que la prosa castellana del inca era muy superior al original italiano. Seguramente estimulado por el buen recibimiento que entre sus contemporáneos obtuvo la traducción, Garcilaso decidió relatar los hechos que el Adelantado Hernado de Soto en su estéril propósito de conquistar La Florida, historia que conocía por las remembranzas de Gonzalo Silvestre, viejo conquistador, amigo de su padre que había regresado a España sin haber ganado la apetecida fortuna soñada, para establecerse cerca de Córdoba. La Florida del Inca es una obra en prosa de gran fuerza estilística que narra las desventuras de Hernando de Soto y los suyos en el descubrimiento y fracasada conquista del territorio de La Florida. El relato, lo ha dicho Wáshington Delgado, recuerda las grandezas de la antigua epopeya y adelanta los recursos de la futura novela. "La prosa de La Florida, dice Raúl Porras, es de las más bellas prosas narrativas de la lengua castellana y, en el campo de las crónicas, representa la misma excelsa cima que La Araucana entre los poemas épicos de la conquista de América".
Sintiéndose literariamente más seguro, Garcilaso se decidió a escribir sobre lo que más conocía y añoraba: el Perú. Leyó con fervor a varios cronistas y buscó el testimonio de amigos y parientes con los que se escribía en busca de mayor información. Así escribe los Comentarios reales, historia del Perú prehispánico, libro en el que se basa en los relatos de sus parientes maternos que comprendió y tradujo con mucha precisión, pues había aprendido el idioma quechua en su más tierna infancia. Más adelante continuó el relato sobre el imperio incaico con la historia de la conquista por los españoles y las guerras civiles que entre ellos se suscitaron y a las que asistió en su infancia. El estilo del Garcilaso maduro es vivaz, descriptivo, lleno de sabrosas anécdotas y ha seducido a escritores posteriores como Ricardo Palma o César Vallejo. En sus libros creativos La Florida del inca y los Comentarios reales Garcilaso se muestra como un adversario de los abusos de los conquistadores, se pronuncia con dureza contra la fractura institucional y administrativa que significó la conquista y tiene palabras ásperas contra sus secuelas de hambruna, corrupción, miseria y decadencia. Solo después de la revolución de Túpac Amaru, ocurrida en el siglo XVII, el poder español percibió la fuerza ideológica de los escritos de Garcilaso y por Real Cédula Reservada en 1782 ordenó "recoger sagazmente la historia del Inca Garcilaso donde han aprendido estos naturales muchas cosas perjudiciales."
Contemporáneamente, varios historiadores han puesto en duda muchas de las aseveraciones del Inca Garcilaso. Seguramente llevan razón. Lo que nadie puede cuestionar es, ni su amor por el Perú, ni la magnífica prosa en la que lo expresa, modelo de escritura que hasta ahora causa asombro en quienes la leen.
Por Marco Martos
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